1.- "El Aleatorio del iPod"® - Presentación
“Escribe, que algo queda…” Kotepa Delgado (1973).
Nerón canta, mientras Roma arde
(Quo Vadis, 1951)
“Escribe, que algo queda” era el nombre de una columna semanal, en el
diario “El Nacional”, en Venezuela, que apareció en el cuerpo “A” de dicho
periódico, desde 1973 a 1998, año de la muerte de su autor, Francisco José
Delgado, mejor conocido como “Kotepa” Delgado. Se trataba de unas breves
crónicas humorísticas, con cierto trasfondo político.
Siempre, el ejercicio de
la escritura ha ayudado a la humanidad a preservar desde la idea más elemental,
hasta la más enorme genialidad. Desde mi adolescencia tuve la inquietud de
escribir. Cero ambiciones de poeta, novelista o profundo intelectual. Mis
inquietudes, o, mejor dicho, mis posibles temas a desarrollar sobre una hoja de
papel fueron más bien, muy básicas y muy simples: el deporte, la música y el
cine fueron mis primeras aficiones de juventud; y las sigo atesorando y
cultivando, con el paso de los años.
Desde aquellos tiempos, me pareció que ese concepto, era lo correcto en términos de
comunicar. “Las palabras se las lleva el viento” nos recuerda siempre aquel
viejo dicho popular, y que resalta lo efímero de la permanencia en la memoria
(la nuestra y la de los demás) de lo dicho por nuestra boca. Incluso, la tradición ha establecido que lo
escrito, desde el punto de vista legal, “es lo que vale”.
Si alguien recordaba
“lo dicho” casi siempre era porque:
a) había estado allí y había escuchado “lo
dicho”,
b) a alguien se lo habían contado (con lo cual uno corría el riesgo de
tener que contar con la memoria del testigo o con el respeto que este pudiera
tener a lo “dicho”, sin agregarle, ni quitarle palabras a lo que
“verdaderamente fue dicho”),
c) porque alguien había registrado lo “dicho” en
una grabadora o en video (facilidades que nos permite la tecnología actual y
que, obviamente eran impensables cuando el Emperador Nerón, supuestamente, cantaba
acompañado por una lira, al crepitar de la Roma que ardía en llamas) o,
d)
alguien había escrito “lo dicho”.
No es que diga yo que lo escrito es, siempre
y por siempre, la palabra cierta, inequívoca, infalible e inapelable. Pero, a
los efectos de consultar, registrar, preservar, recordar y transmitir, digamos
que ayuda mucho.
Es por ello, que escribo este blog: Con la esperanza de que algo
de lo aquí escrito, quede en algún lugar de su memoria. Y si no es
así, por lo menos me queda a mí, que ya con eso me doy por bien pagado.
Este blog es la consecuencia elemental de un hecho simple: Todos los días,
cuando voy en camino al trabajo, enciendo mi iPod. En modo “aleatorio”. Es
decir, no tengo control de la música que voy a escuchar. Mi iPod tiene vida
propia: en su universo interno, dictamina lo que se va a escuchar. Asumo, en mi
ignorancia tecnológica, que en efecto, el concepto aleatorio (que depende del
azar o la suerte) determina la secuencia de las canciones, obras musicales,
baladas, piezas, obras maestras, o como quiera usted llamarlas, que van a ser
reproducidas.
No osaría yo intentar explicarles los muy complicados y muy
algoritmos que hacen posible tal orden. ¡Los desconozco absolutamente!.
Pero, lo
que sí puedo hacer, es agregar una variante interesante: voy a intentar
contarles la historia de esa música, lo que está detrás de su composición,
algún dato histórico relacionada con la misma o, simplemente relacionarla con
otra historia o elemento de conocimiento que la complemente.
Aunque no lo
crean, no es cosa simple. A veces se requieren horas de investigación, consulta
de muchas fuentes y mucha imaginación para desgranar algo que deseo sea
instructivo, alegre y ameno para el lector.
Por ello, honro con este blog, al
amigo con “vida propia”, que me acompaña día a día, y que a través de los
audífonos me inspira y me comunica historias, para que las comparta con
ustedes: Lo he llamado “El Aleatorio de Mi iPod”®. Tan simple y tan directo como
eso. Sin darle muchas vueltas. De hecho, ni siquiera una vuelta. Así que, aquí
vamos y que sea lo que Dios quiera… ¡Y espero que quiera bien!
Vancouver, 21 de
Julio de 2018
