62.- Una moneda para regresar a Roma... Y conseguir el amor...
Neptuno, el Dios Romano que gobernaba las aguas y los mares es la figura central de la escultura. Aparece montado sobre un carruaje con forma de concha, tirado por dos caballos, los cuales, a su vez, son guiados por dos tritones. Uno de los caballos parece calmado, mientras que el otro parece violento: esto simboliza los estados del mar.
Está hecha de mármol travertino (en latín, significa: “del Tíber”, el rio que cruza a la ciudad), aparentemente procedente de Tivoli, a 22 kilómetros de allí. Estamos en Roma, justo en el sitio donde se cruzaban tres caminos, o tres vías, o mejor “tre vie” y de allí el nombre del lugar: la Fontana de Trevi.
Este cruce de caminos marca el punto terminal del acueducto Acqua Vergine, o Acqua Virgo que suministraba agua a la antigua Roma. En el año 19 AC, supuestamente con la ayuda de una virgen, los técnicos romanos localizaron una fuente de agua pura, a 13 kilómetros de la ciudad. Dicho acueducto sirvió a la ciudad por más de 4 siglos.
Diversos diseños fueron presentados a lo largo de los años, hasta que, en 1730, el Papa Clemente XII inició un concurso que fue ganado eventualmente por Nicola Salvi. El primer “chorrito” de agua de la fuente salió en 1743, pero no fue sino hasta 1762 cuando el Papa Clemente XIII declaró terminada e inaugurada la fuente, 11 años después de la muerte de Salvi.
Hoy en día, la fuente es parada obligada para locales y turistas quienes se detienen, aunque sea un minuto, a ver los 2.824.800 pies cúbicos de agua que vierte la fuente cada día. Dice la tradición que hay que llegar a la fuente, darle la espalda y arrojar una moneda sobre el hombro, para regresar a Roma.
En 1954, 20th Century Fox produjo una película romántica, usando como sede, los estudios Cinecittta de Roma. La historia estaba basada en la novela de John Patrick titulada “Monedas en la fuente”. La película se llamaría “Tres Monedas En La Fuente”, ya que la adaptación de la novela narraba la historia de 3 mujeres estadounidenses que se reúnen en Roma y que por diversas circunstancias encuentran allí el amor.
Se le dio la comisión a Jule Styne y a Sammy Cahn para que escribieran el tema musical de la película. Pero, todo se hizo con apuro: no les dejaron ver la película, ni les dieron el guión. Solamente les dieron el título de la película. La compusieron en una hora y como ni siquiera se firmó un contrato, ambos compositores se quedaron con el 100% de las regalías que todavía sigue produciendo la canción.
"El
Aleatorio del Ipod" ® me trajo hoy, la canción ganadora del Oscar, en su edición
de 1955: “Three Coins In The Fountain”, 1954.

