70.- Vidas paralelas, en la realidad y en una canción
Oscar Arnulfo Romero nació en Ciudad Barrios en el Departamento de San Miguel, en El Salvador. Tuvo la educación básica de aquellos tiempos, en la Centroamérica rural, aunque con la ventaja de tener un tutor privado. Su padre le enseñó carpintería, para la cual tenía cierta vocación. Pero, le llegó “el llamado”: no hubo sorpresas cuando anunció que quería ser sacerdote.
Se fue al
seminario nacional de San Salvador y de allí, a la Universidad Gregoriana en Roma, donde obtuvo el titulo Cum Laude, en su Licenciatura sobre Teología. Su
familia no pudo estar cuando fue ordenado, por el bloqueo de la 2da Guerra
Mundial.
Cuando por fin
regresó a su tierra, lo hizo a través de España, Cuba, México y finalmente por
tierra a El Salvador. El regreso tuvo tintes de sufrimiento: en Cuba lo detuvieron
varios meses porque venia de Roma. Y Roma era "fascista". La ignorancia es un
pecado que siempre aparecerá en la Historia del Mundo.
20 años estuvo trabajando en diversas posiciones de la iglesia salvadoreña, incluyendo la formación de grupos apostólicos, su ayuda a la construcción de la catedral de San Miguel, su rectoría del seminario diocesano de El Salvador y hasta fundó grupos de soporte a Alcohólicos Anónimos.
Este periodo le dejó agotado y descubrió que ese incansable espíritu trabajador y esa incesante actividad que siempre estaba con él, escondía un padecimiento mental: sufría de un desorden de personalidad obsesiva-compulsiva.
Ya en 1970, fue
nombrado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de El Salvador y en 1977,
Arzobispo de San Salvador. Su nombramiento fue recibido con beneplácito por el
gobierno. Sin embargo, hubo desacuerdos entre la rama de sacerdotes de
izquierda que no veían con buenos ojos que un “conservador” pudiera intervenir
en contra de la nueva corriente de la “teología de la liberación” y del
compromiso con los pobres.
Sin embargo, un hecho
terrible cambió la perspectiva conservadora de nuestro personaje: en ese 1977
su amigo personal, el sacerdote jesuita Rutilio Grande fue asesinado. Rutilio
tenia problemas con la Iglesia por su visión innovadora de hablar en sus
sermones, acerca de los problemas políticos y sociales.
Incluso tocaba
temas en referencia a la reforma a la tenencia de la tierra, la relación entre
los ricos y los pobres, los derechos de los trabajadores y de las “injusticias de
los opresores”. Claramente, el sacerdote pisaba terreno peligroso: los
terratenientes de la zona y el gobierno local empezaron a verlo como una
amenaza. Y, simplemente, lo mataron a tiros junto a otros dos colaboradores.
El Arzobispo Romero ofició la misa, esa misma noche, frente a los cuerpos ensangrentados y cubiertos con sábanas. Tuvo la oportunidad de hablar con los campesinos quienes le hicieron saber sus problemas y sus necesidades.
Romero dijo que
al ver el cadáver de su amigo tomó una determinación: “Si lo mataron por hacer
lo que hacía, entonces debo caminar su misma senda”.
Exigió una investigación
inmediata por parte del gobierno. Pero lo ignoraron. Peor aún, la prensa
censurada ni siquiera comentó el crimen.
El Arzobispo “conservador”
inició entonces una cruzada de activismo político como nunca antes lo había hecho:
sus sermones hablaban ahora contra la pobreza, la injusticia social, los asesinatos,
la tortura y “condenando la violencia”.
Incluso, en 1979, viajó a Roma para pedir al Papa Juan Pablo II que condenara al régimen militar de El Salvador, que violaba los derechos humanos del pueblo y que apoyaba a los “escuadrones de la muerte”.
La respuesta del Papa fue simple: “Arzobispo, mantenga la unidad episcopal, como su prioridad principal!”. Claramente, algo “no funcionaba en El Vaticano”.
Romero entendió
entonces que su lucha era solitaria. Pero eso no lo detuvo. Siguió denunciando
la persecución por el gobierno militar, a los miembros de la Iglesia que
ayudaban a los pobres y, a través de una emisora de radio, transmitía sus
sermones a todo el país. Sermones en los que detallaba desapariciones, torturas
y asesinatos.
El 24 de Marzo de
1980 mientras daba la misa en la pequeña capilla del Hospital de La Divina
Providencia, y luego de terminar su sermón, un automóvil rojo se detuvo en la
puerta de la capilla. Un hombre se bajó del vehículo y disparó dos veces
sobre Romero. Una de las balas le dio en el corazón. Nunca se supo quién fue el autor material, pero una Comisión de la Verdad determinó
que el autor intelectual fue el Mayor Roberto D’Abuisson, líder de uno de los “Escuadrones
de la Muerte” del ala derechista de la
Alianza Republicana Nacionalista” (ARENA).
“El Aleatorio del
Ipod” me hizo escuchar el homenaje que Rubén Blades le rindió al Arzobispo
Romero con “El Padre Antonio” (1984).
Haz click abajo para ver el video.
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